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Cae el esplendor sobre murallas de castillos
y nevadas cumbres viejas en historia:
se agita la larga luz sobre los lagos
y salta gloriosa la agreste catarata.
Toca, corneta; responded, ecos, muriendo, muriendo.
Atiende, escucha qué agudas y claras
y aún más agudas, más claras, llegando más
lejos,
dulces y lejanas desde riscos y farallones
suenan las tímidas trompas del país de los duendes.
Toca, oigamos la respuesta de los valles púrpura.
Toca, corneta: responded, ecos, muriendo, muriendo.
Mueren, amor mio, en aquel intenso cielo;
se desvanecen sobre montes, campos o ríos;
nuestros ecos van de alma en alma
multiplicándose siempre hasta la eternidad.
Toca, corneta, toca, haz volar los ecos salvajes.
Toca, corneta; responded, ecos, muriendo, muriendo.
Alfred Lord Tennyson
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